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EL "CONTROL" OBRERO EN LA INDUSTRIA
http://usuarios.lycos.es/onesimo_redondo/onesimo77.htm
Enviado por Jose_Centuria
hace 10 meses, 6 días, 5 horas
EL proyecto de ley sobre la intervención obrero en las industrias, presentado por el señor Largo Caballero, ha desatado las lenguas y todos se han apresurado a tomar posición -en favor o en contras, llevados más por el sentimiento que no por el estudio del mismo.
Aunque Castilla sea la región española menos afectada por tal proyecto, pues no alcanza a la agricultura, y en la industria tan sólo a empresas de más de 50 obreros, sin embargo su trascendencia para la economía española es tal que merece ser estudiado con todo detenimiento.
Para el principio, todo nuestro aplauso; a mayor dignificación social del obrero, a mayor intervención del mismo en la vida de la empresa, responderá o debe responder lógicamente una mayor armonía entre capital y trabajo; los avances de la Democracia Social son no sólo mirados benévolamente, sino favorecidos y alentados por la Sociología católica. Es de todo punto necesario que ese aspecto de contrato de sociedad que tiene el contrato de trabajo sea acentuado cada vez más, y para ello nada tan oportuno como un aumento de la colaboración obrera en la dirección de la empresa.
Puede alegarse el fracaso de tal institución en Alemania, cuyos consejos de fábrica han desaparecido desde 1922; pero, en cambio, tenemos el ejemplo de los patronos católicos del Norte de Francia y gran parte de la industria belga, en la cual triunfa el principio de colaboración, y, sin necesidad de accionariado obrero alguno, intervienen y colaboran con el empresario en la dirección de la fábrica. Lo único que puede deducirse del primer ejemplo es que tal reforma ha de ser implantada con espíritu religioso y no obedeciendo a sentimientos revanchistas, como ocurrió en Alemania. El propio ministro del Trabajo reconoce noblemente en la exposición de motivos de su proyecto la decidida actuación de los católicos en pro de la intervención obrera en las industrias, y bastaría para nosotros, aparte de los documentos pontificios, el nombre de Leon Harmel, el insigne católico francés, que a raíz de la Encíclica "Rerurm Novarum" logró implantar en sus fábricas la intervención obrera veinte años antes de que apareciese tal principio en la constitución alemana. Nuestra actitud de decidida adhesión al principio nos autoriza a expresar nuestra disconformidad en cuestiones de detalle; sea la primera la, inoportunidad. Máxima conocida es que las reformas deben verificarse en épocas de- prosperidad, y hoy, ante la crisis funcional de la economía española, ante las dificultades de la industria, que la Bolsa en su fina sensibilidad registra, no debiera cohibirse al medroso capital español con la promulgación de tal ley, y otra inoportunidad mayor aún es la especial idiosincrasia de gran parte del obrerismo español, encariñado con la violencia por la violencia, actuando, más o menos conscientemente, al margen de la ley, y que vería en tal medida tan sólo una posibilidad más de arruinar las empresas y producir un definitivo desastre. Por lo que toca al articulado de la ley, las principales observaciones que nos sugiere son: el intento de monopolizar el trabajo, atentado a la libertad del mismo, ya que los vocales obreros han de ser forzosamente miembros de asociaciones proletarias, lo cual ahoga al productor libre, y la falta de fijeza de la Ley en las facultades de fiscalización, defectos que pueden implicar graves perjuicios a las empresas, al divulgarse secretos industriales que podrían ser vendidos a productores rivales.
La forma de implantación de la Ley debería ser corregida; ¿por qué no empezar por aquellas grandes empresas que constituyen casi servicios públicos, como los ferrocarriles, y seguir adelante cuando ya hubiese triunfado el principio en éstos?
Consideramos, finalmente, como un acierto el someter a información pública un proyecto de tal envergadura, a fin de quitarle ese matiz de misterio y sorpresa, tan dañosos a toda reforma trascendental, y esperamos que de esa información
surjan las correcciones que hagan viable el proyecto, que posibiliten su transformación en ley, y que sea ésta un nuevo triunfo en el camino de concordia y armonía entre capital y trabajo
(Anónimo. Libertad, núm. 20, 26 de octubre de 1931.)
ONESIMO REDONDO.
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NACIONAL SINDICALISMO: EL MODELO QUE DEFIENDE LA DIGNIDAD DEL TRABAJO.
El hombre, empresario o trabajador, como ser trascendente portador de valores, debe de entender la supremacía del valor humano por encima del capital y de los medios de producción, es decir, de lo material (dinero, máquinas, objetos, inmuebles).
A la inversión se le puede reconocer el derecho de una renta no especulativa regulada por la justicia, legislada por el estado y ejecutada por el gobierno (Al ser este último la institución administrativa garante y equitativa de la nación), pero hay que negarle de forma legítima, y taxativamente, el sentido de la gestión y propiedad del trabajo; de la “creatividad, esfuerzo y realización humana”.
A la inversión le negamos también, la propiedad de los medios de producción; “la empresa con su capital patrimonial, estático y dinámico de la misma”.
Por lo tanto, y de una manera natural: ¡La empresa es de los trabajadores!
Llegado el momento la inversión será realizada por los medios amparados dentro de nuestras instituciones, tal como por la Banca Nacionalizada y Sindicalizada, o por el propio capital generado por el ahorro del beneficio o plusvalía de los mismos trabajadores o por el depósito del beneficio o parte del mismo no repartido por acuerdo de empresa… llegando a anular totalmente la inversión capitalista.
Esta es la base humana y moral de la doctrina social del sindicalismo, no hay otra moral humanista, todo lo demás es un compendio de estructuras despóticas, capitalizadas por las centrales sindicales actuales. Chapuzas serviles del capitalismo y estabilizadoras del mismo.
Esta es la legitimación de la idea revolucionaria del Nacional Sindicalismo.
La empresa, para formar parte de todo el conjunto patrimonial integrador de todos los elementos humanos que le dan digna existencia, ha de mantener este orden de prelación:
1º Los seres humanos
2º El trabajo,
3º El capital.
Esto es el compendio dinámico que constituye la empresa. Así a propiedad sindical y el trabajador deben ser los destinatarios de los beneficios o la plusvalía (Que genera el ejercicio de la actividad productiva), destino final por el que, de manera natural, estemos donde estemos, debemos defender el ideal Sindical Revolucionario del Falangismo, donde la gestión y la propiedad de la empresa son entendidos, de manera natural, como patrimonio sindical del trabajador.
Por ello, en todos los casos. ¡SIEMPRE! ¡La empresa es de quien la trabaja!
Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas.
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Ante la crisis económica.
Ante el agravamiento de la situación económica y financiera actual, y dado que el panorama aún no parece que vaya a mejorar a corto plazo sino más bien todo lo contrario, FE-JONS quiere manifestar públicamente lo siguiente:
1º El principal culpable de la actual situación a nivel mundial no es tanto un gobierno concreto, aunque ciertamente haya varios que han contribuido al agravamiento del problema, como, sobre todo, el propio modelo económico capitalista en sí, cuyas contradicciones conllevan una dinámica que exige un crecimiento económico y monetario de tipo exponencial o geométrico para abonar intereses y dividendos siempre crecientes, algo imposible de mantener a largo plazo y que necesariamente conduce a la creación de burbujas financieras y a situaciones periódicas de crisis que reordenen el sistema (además de contribuir a la sobreexplotación del planeta, a la mala distribución de bienes y servicios, etc.).
2º La situación actual es especialmente grave por la conjunción de burbujas especulativas financieras, económicas e inmobiliarias, y por culpa del proceso de mundialización (lo que otros llaman “globalización”) que ha creado una situación de interdependencia de todas las economías hasta niveles nunca conocidos hasta ahora, con la consiguiente disminución de la soberanía económica y financiera de las naciones (que es casi nula en el caso de los países que hemos renunciado a ella a favor de la Unión Europea) y con la consiguiente disminución de recursos propios para afrontar las situaciones de crisis.
3º No deja de ser paradójico que el capitalismo se vea obligado ahora a tratar de evitar el derrumbe del sistema a base de medidas como la nacionalización de bancos y aseguradoras y la asunción de un papel cada vez más activo por parte del estado en la economía. Y es paradójico porque cuando desde FE-JONS hemos resaltado las contradicciones del sistema y la necesidad de modificaciones sustanciales como la de la nacionalización de la banca y los seguros, desde el pensamiento económico “políticamente correcto” siempre se dijo que eso era poco menos que imposible… Ahora que hay grandes pérdidas y son los propios defensores del capitalismo los que defienden nacionalizar y socializar, desde FE-JONS nos preguntamos: ¿es que sólo puede hacerse eso cuando hay pérdidas, para que las paguemos entre todos?
4º Hoy más que nunca se demuestra la necesidad de sustituir el sistema capitalista por un modelo basado en los siguientes principios: que no requiera crecimientos económicos y monetarios exponenciales, sino naturales; que las ganancias y la fuente de valor y de propiedad sean fruto del trabajo y no de la especulación; que el sistema financiero sea nacionalizado no sólo cuando haya pérdidas, sino de forma permanente y con la finalidad de que esté fundamentalmente al servicio de la economía nacional; que devuelva a las naciones su plena soberanía económica y financiera; que la base del derecho de propiedad sea la de la finalidad de los bienes: individual, familiar, sindical, comunal y estatal; que haga del Sindicato unitario la base de la ordenación productiva nacional; etc.
5º Para afrontar el problema es necesario un gobierno consciente de la realidad del mismo y decidido a asumir la tarea revolucionaria mencionada en el punto anterior (recuperación de la soberanía económica y monetaria, revisión de la permanencia de España en la UE, organización de la economía al servicio de la persona sobre la base del sindicalismo, etc.), algo para lo que están incapacitados tanto el PSOE como el PP y los demás partidos parlamentarios, todos ellos preocupados únicamente en apuntalar el sistema capitalista al que sirven, que hace aguas por todas partes y que sólo sobrevive a base de injusticias y de vulnerar sistemáticamente la dignidad, la integridad y la libertad humanas.
Por ello hoy es más necesario que nunca reivindicar el Nacionalsindicalismo como la única alternativa viable que hay, tarea para la que sólo FE-JONS está capacitada para servir como instrumento transformador.
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La historia de Juan Falangista
http://levante.lafalange.es/Noticias/2008/20080730/20080730....
Enviado por Jose_Centuria
hace 15 meses, 1 semana, 4 días, 9 horas
Érase una vez un trabajador llamado Juan Falangista que decidió abandonar la empresa textil en la que desarrollaba su actividad laboral para emprender un negocio de confección por cuenta propia. Para ello, debía adquirir una serie de elementos de inmovilizado (maquinaría, mobiliario, vehículos de reparto, equipos para proceso de información,…) y financiar el capital circulante necesario (materias primas, inventario de productos terminados, crédito a clientes,…).
Juan Falangista contaba con unos ahorros en la Caja Laboral dependiente del Sindicato Textil en donde estaba encuadrado. Cada Sindicato contaba con una Caja Laboral cuyo papel dentro del sistema financiero nacionalsindicalista era la gestión de los préstamos al consumo y los hipotecarios. Los trabajadores del Sindicato depositaban allí sus ahorros percibiendo un interés equivalente a la tasa de inflación y los prestatarios abonaban por sus préstamos un interés ligeramente superior. El diferencial servía para cubrir los costes de gestión de la Caja Laboral. De esta manera, la Caja Laboral no se lucraba con su actividad de intermediación ya que hubiera sido ilegítimo obtener una ganancia con ello al ser el dinero un bien público propiedad del Estado cuyo destino era simplemente facilitar las transacciones económicas; una cuestión diferente era la posesión y el uso del mismo: los particulares podían perfectamente ahorrar para atender necesidades futuras, imprevistos, adquisición de vivienda, etc..
Sin embargo, la cantidad ahorrada sólo cubría el 50% de su presupuesto de inversiones. Debía pues buscar financiación para el resto. Así, que preparó un Proyecto de Empresa y se personó en la sucursal del Banco Nacional de su localidad. Toda la banca había sido nacionalizada hace unos cuantos años. Su función era la de financiar la inversión productiva ya que, como se ha dicho antes, la financiación de la vivienda y los préstamos al consumo eran gestionados, sin ánimo de lucro, por las Cajas Laborales de los Sindicatos. Los fondos para inversiones se obtenían mediante un impuesto denominado coloquialmente “la TASCA” o Tasa por el Uso de Activos de Capital que era fijado anualmente por el Sindicato Nacional, órgano autónomo de carácter económico que se superponía a los distintos sindicatos por ramas de producción, responsable de la política económica del Estado. Así, sobre el montante de la inversión productiva recaía este impuesto cuya función era nutrir de fondos a la Banca Nacional para que ésta pudiera financiar los nuevos proyectos de inversión de las empresas. Por tanto, las unidades de producción pagaban un impuesto calculado como un porcentaje sobre el valor de sus bienes de capital (maquinaria, edificios, instalaciones técnicas,… ) que venía a actuar como sustituto del interés en una economía capitalista al favorecer el uso eficiente de los bienes de capital ya que las empresas, para reducir su carga fiscal, debían economizar en su uso, y conformar los fondos para nuevas inversiones. La Banca Nacional distribuía posteriormente esos fondos entre los distintos proyectos de inversión en forma de subvenciones. Vemos pues que se había eliminado todo tipo de interés por el dinero. Juan Falangista obtuvo así el resto del dinero que precisaba.
Juan Falangista ejerció su actividad empresarial como autónomo un par de años. La empresa era de su propiedad. Hay que tener en cuenta que el Estado nacionalsindicalista reconocía la propiedad privada; es decir el título jurídico que permite a un individuo disponer de su patrimonio personal para disfrutarlo, enajenarlo, cederlo en usufructo,… entendiéndose por tal patrimonio su vivienda y enseres personales, el negocio familiar, su vehículo, la casa del pueblo, etc.. Lo que se había abolido era la llamada propiedad capitalista que era la que se ejercía indirectamente sobre los medios de producción a través de la participación en el capital social de las empresas mediante acciones o títulos similares. Este tipo de propiedad conducía a la aberración de que una élite financiera se lucrase participando vía dividendos en la plusvalía que generaban los trabajadores con su esfuerzo. El trabajo era considerado antes de la revolución nacionalsindicalista como un factor de producción más que se compraba y vendía en el mercado laboral con los consiguientes excesos por parte de la oligarquía capitalista que abusaba de su mal ganada posición de privilegio.
Sin embargo, el nivel de actividad crecía y Juan Falangista se vio obligado a incorporar fuerza de trabajo adicional. Así que se dirigió al Sindicato Textil para depositar su oferta de empleo en la Bolsa de Trabajo que el propio sindicato gestionaba. Esta decisión supuso una transformación total en la forma jurídica de su empresa que pasaba a adoptar una estructura cooperativista ya que la autogestión de los trabajadores era un pilar fundamental en la economía y en
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El Siglo XXI: La ingenua fe en el progreso.
Seria estúpido negar el enorme progreso de la técnica en la época capitalista impulsora de periodos de descubrimientos científicos importantes. Se obtuvo de ésta época enormes resultados en cuanto mejoramientos técnicos. La civilización industrial se desarrolló hasta cuotas dignas de tenerse en cuenta. Pero no vamos a valorar ésta, sino a examinar la actitud del hombre común europeo y americano, el occidental, ante este enorme espectáculo de producción y mejoramiento.
El hombre medio, escasamente formado en sus aspectos culturales y éticos, careció a lo largo del siglo XIX y carece hoy más que nunca, de una robusta personalidad espiritual y moral que le permita sentirse seguro en medio del “atolondrante” mundo contemporáneo. Este tipo de hombre ciudadano a medida que la civilización crece y se perfecciona, va sintiéndose achicado y empequeñecido hasta el punto que llega el momento que su actitud es de sumisión total hacia los objetos, el dinero y las posesiones materiales.
De la misma manera que en el terreno industrial el hombre es servidor de la máquina, en el terreno privado el aspirante burgués que llega a poseer un automóvil o un admirable objeto cualquiera, se coloca ante él con tal actitud, que en vez de tener el objeto a su servicio sirve y venera él al objeto.
Este hombre ya corriente en nuestros días, acaba teniendo un concepto íntimo sobre si mismo inferior al realmente debido. Su tendencia será alcanzar cómo meta suprema la “felicidad” (efímera) mediante la posesión de las cosas materiales, valorando de forma elevada y equivocada a los poseedores del confort, de objetos, de dinero. De manera que entiende el valor de las cosas materiales, como superiores a él mismo y a los semejantes.
Esta es la escala de valores de la existencia en las actuales democracias liberales, donde se considera al capital, al dinero, -mero instrumento material- superior al hombre, al trabajador y a la consecuencia o creación del mismo: el trabajo.
El hombre, el trabajador, como ser trascendente portador de valores, debe de entender la supremacía del valor humano por encima del capital y los medios de producción, de lo material (dinero, máquinas, objetos, inmuebles). A la inversión se le puede reconocer el derecho de una renta no especulativa y regulada por la justicia legislada por el estado y ejecutada por el gobierno, institución administrativa garante y equitativa de la nación, pero hay que negarle de forma legítima y taxativa el sentido de la gestión y propiedad del trabajo; “creatividad, esfuerzo y realización humana”. A la inversión le negamos tan bien, la propiedad de los medios de producción; “la empresa con su capital patrimonial, estático y dinámico de la misma”: ¡La empresa es de los trabajadores!
Llegado el momento la inversión debería ser realizada por los medios amparados dentro de nuestras instituciones, tal como por la Banca Nacionalizada y Sindicalizada, o por el propio capital generado por el ahorro del beneficio o plusvalía de los mismos trabajadores o por el depósito del beneficio o parte del mismo no repartido por acuerdo de empresa … llegando a anular totalmente la inversión capitalista.
Esta es la base humana y moral de la doctrina social del sindicalismo, no hay otra, todo lo demás capitalizado por centrales sindicales actuales, son chapuzas serviles del capitalismo y estabilizadoras del mismo. Esta es la legitimación revolucionaria del Nacional Sindicalismo, con la cual concluimos en este apartado proclamando:
La empresa forma todo el conjunto patrimonial integrado por los elementos que le dan digna existencia, por este orden de valía: 1º seres humanos, 2º trabajo, 3º capital. Esto es el compendio dinámico que constituye la empresa. Definición: es la propiedad sindical y el trabajador debe de ser el destinatario de los beneficios o la plusvalía que genera el ejercicio de la actividad productiva, destino final por el que asevera la Revolución Sindical Falangista que la gestión y propiedad de la empresa es el natural patrimonio sindical del trabajador. ¡La empresa es de quien la trabaja!
WWW.Falange Española de las JONS. Castellón
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El Nacional-Sindicalismo como vía hacia la reconstrucción de una sociedad orgánica.
http://castellon.lafalange.es/LEVANTE/COMENTARIOS/ALFREDO_ZA...
Enviado por Jose_Centuria
hace 17 meses, 5 días, 9 horas
Una sociedad puede articularse según dos modelos opuestos. El modelo de las sociedades tradicionales es el modelo orgánico, en el cual la sociedad se articula en torno a una serie de comunidades naturales jerarquizadas. La más elemental de estas comunidades naturales es la familia, compuesta por un hombre, una mujer y su progenie, más allá está el clan, el pueblo o municipio etc. En las sociedades orgánicas, el Estado es una emanación de dicha estructura orgánica de la sociedad, una encarnación de lo que los griegos llamaban "etnos" o los romanos "natio". La propia palabra "nación" está relacionada con el vocablo "nacer", lo cual hace una referencia explícita al origen orgánico y biológico de dicha entidad. Según la concepción orgánica es la nación la que crea el Estado y por lo tanto dicho estado debe estar al servicio del pueblo que lo ha creado.
En contraposición a la sociedad orgánica están las sociedades mecánicas modernas en las que vivimos actualmente. En estas sociedades el concepto de "nación" ha sido completamente invertido para tomar el significado del "estado nación" de la revolución francesa. En este modelo liberal y jacobino, la nación es una creación del Estado y es el pueblo el que está al servicio del Estado.
Los antiguos griegos ya eran conscientes de la diferencia esencial entre estos dos modelos de sociedad. Para los griegos, lo que constituía el enlace que mantenía la cohesión social era la "filia", la relación de proximidad que existía entre los ciudadanos. En las polis griegas la ciudadanía de la polis implicaba una relación carnal con el resto de los ciudadanos de la polis, por lo tanto el derecho de suelo era impensable. En contraposición al modelo griego de Estado, los griegos distinguían lo que ellos llamaban "despotismos orientales", en los que una masa multiétnica de súbditos estaba aglutinada en una misma entidad política en virtud de su sumisión a un déspota, es decir, al Estado. En este caso el Estado no emanaba de la comunidad sino que la comunidad era creada artificialmente por el Estado. Las guerras médicas fueron una defensa del modelo orgánico griego contra el modelo despótico oriental representado por el Imperio Persa.
Los estados liberales actuales son nuevas versiones del despotismo oriental. En ellos las comunidades naturales intermediarias están siendo destruidas. Las relaciones sociales orgánicas son sustituidas por relaciones directas entre el individuo y el Estado. La promoción liberal del individualismo no es más que una coartada para que los individuos se encuentren solos frente al Estado y sólo tengan que responder ante el Estado.
La familia en una sociedad liberal deja de ser una necesidad para convertirse en un estorbo. En una sociedad individualista liberal, el individuo paga impuestos al Estado durante su vida laboral y recibe una pensión (mísera) del Estado al jubilarse. En las sociedades orgánicas tradicionales ese dinero que ahora va para el Estado se invertía en el cuidado de los hijos, los cuales, de manera natural devolverían esos cuidados a los padres durante su vejez.
En el estado moderno liberal los individuos son sólo productores y consumidores, por lo tanto entidades indiferenciadas e intercambiables unas por otras. Estos productores trabajan para mantener al Estado, no para mantener su propia existencia, como en las sociedades orgánicas. En una sociedad orgánica la desaparición física del pueblo que la sostiene es el mal absoluto y la desaparición del pueblo acarrea necesariamente la desaparición del Estado, ya que éste emana de aquél. Sin embargo en una sociedad mecánica liberal, la desaparición del pueblo no supone ningún problema, ya que para el Estado liberal no hay pueblo sino sólo individuos que pueden ser sustituidos por otros individuos mediante la inmigración. Esta es la base ideológica que subyace tras los argumentos enconomicistas en pro de la inmigración. Los inmigrantes son necesarios para mantener la economía funcionando porque los españoles no tienen hijos. Por lo tanto el mal absoluto no es que los españoles desaparezcan sino que la economía deje de funcionar. Una total inversión de los valores tradicionales.
El Estado nacional-sindicalista que defiende la Falange es un estado orgánico en el que la familia, el municipio, el gremio etc. vuelvan a tener el valor central que tenían en las sociedades orgánicas. En nuestro Estado, el trabajo no es un medio para mantener funcionando la economía, sino una forma de garantizar el sustento de la comunidad. En el estado nacional-sindicalista lo que interesa es el bien del pueblo, no el bien del Estado.
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UNT contra la Directiva de la UE que reconocerá las jornadas de 65 h ¿Siglo XIX o siglo XXI?
El sindicato Unión Nacional de Trabajadores (UNT) rechaza tajantemente la reforma, aprobada ayer, de la Directiva europea sobre Tiempo de Trabajo. Dicha reforma ha introducido una cláusula inaceptable consistente en permitir que sean legales las jornadas de trabajo semanales de hasta 65 horas, frente a las 48 actuales (40 en España).
Una vez más la Unión Europea se está rebelando como abanderada de las medidas socio-laborales más retrógradas y contrarias a los avances sociales del último siglo, proponiendo en esta ocasión la vuelta a jornadas laborales más propias de la época de la esclavitud que del siglo XXI. Y todo ello después de ver frustrados sus intentos de recortar derechos sociales de los trabajadores en su proyecto de Constitución Europea, frustración que se ha ido compensando con el desarrollo de la “Estrategia de Lisboa” y con las sentencias del Tribunal de Justicia europeo en contra de las medidas de presión frente a las deslocalizaciones de empresas (impidiendo la convocatoria de huelgas en los centros de trabajo de una misma empresa en diferentes países), admitiendo los despidos en casos de enfermedad del trabajador, etc.
¿Qué será lo próximo? ¿Trabajar con sueldos más miserables y que sólo alcancen para nuestra subsistencia? ¿Ampliar las edades mínima y máxima laborales para que puedan trabajar niños y ancianos? ¿Relegalizar la figura del tratante de esclavos?
Y de nada sirve el argumento falaz de que "se trataría de jornadas libremente aceptadas por ambas partes". Todos sabemos que en la relación bilateral del trabajo quien hace la oferta lo hace desde una posición dominante, lo que elimina el presupuesto de libertad de elección: la única elección posible es aceptar las condiciones que se imponen o seguir en el paro... ¡¡¡Menuda libertad de elección!!!
Los trabajadores debemos concienciarnos de ello y enfrentarnos unidos a quienes nos explotan y a esa clase política que sólo sirve a los intereses de quienes les promocionan y les financian, y ello siempre a costa de quienes producimos la riqueza para otros y, en compensación, vemos cómo se nos expolia fiscalmente.
UNT considera que es el momento de que los trabajadores españoles y del resto de Europa nos rebelemos contra una Unión Europea hecha por y para los capitalistas que ganan sus fortunas gracias al esfuerzo de nuestro trabajo. No podemos permitir que sigan jugando con nuestras vidas y con nuestro futuro, y para mayor escarnio desde los lujosos despachos que les pagamos.
Por eso Unión Nacional de Trabajadores considera que se están dando las condiciones para que sea convocada la primera huelga general europea, por lo que hacemos un llamamiento a todos los sindicatos europeos para, todos unidos, hacer frente a la ofensiva neoliberal que padecemos con la decisión y contundencia que requiere la situación.
Porque es el momento de decir ¡BASTA!
Secretaría General de Unión Nacional de los Trabajadores.
C/ Fernando Garrido 16, 1º;
28.015 Madrid.
Telf.: 619 06 24 53
Fax: 91 591 30 38
http://sindicatount.blogspot.com
Correo-e: sindicatount@yahoo.es
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AMAMOS A ESPAÑA SIN ENANOS
Amamos a España porque no nos gusta, como cuando un padre arremete contra su hijo porque no cumple con sus responsabilidades éticas y morales. Quienes toleran gratuitamente las desviaciones morales de sus descendientes sin hacer nada para remediarlo no aman a sus hijos en su plenitud, los aman con una voluntad de contacto, los aman físico, con sentimiento patriarcal, con sus virtudes y defectos.
Los patriotas nos encontramos divididos por conceptos distintos en cuanto a la estrategia revolucionaria a seguir para implantar nuestra república nacionalsindicalista en nuestra amada España en el caso de los falangistas.
Unos pretenden aguar nuestra doctrina para ser más “tolerantes” y con ello llegar más fácilmente a los españoles. El resquemor de la sociedad actual por todo sentimiento nacional les hace tomar decisiones tibias, a menudo contradictorias que les llevan a aceptar lo inaceptable. No existe mala fe en ello, es el amor a España lo que les mueve a endulzar nuestros principios para penetrar con más facilidad en la sociedad. Es como el padre que se va de copas con su hijo conflictivo y utiliza un vocabulario moderno para ganarse su confianza con vistas a la reeducación. Bien sabe ahora que la caótica situación viene de aquella consentida infancia en la que amaba a su hijo con todos sus tolerados defectos...
Los otros patriotas, los falangistas, pretendemos modernizar y adaptar nuestra doctrina a la sociedad actual sin renunciar a nada porque a nada hay que renunciar con una ideología que es perfectamente adaptable a la sociedad actual porque para eso fue creada, no como una moda pasajera, sino para perdurar en las generaciones actuales y venideras, eso es lo que representa el nacionalsindicalismo. Es como el padre que no consiente que su hijo arruine su vida aunque con ello se gane el odio del hijo. Preferirá ganarse el odio en la infancia que le llevará al respeto en la vida adulta y con ello logrará hacer del hijo un hombre de provecho.
Los falangistas no debemos prescindir de nuestra ética y estilo ni adulterar nuestro mensaje para integrarnos más en la sociedad porque ello significaría un proceso decadente imparable de nuestra ideología que nos llevaría a un callejón sin salida.
Tenemos la experiencia de diversos grupúsculos patriotas de corte falangista que en su día decidieron prescindir de la ortodoxia falangista con el fin de “modernizar” nuestra ideología para influenciar más profundamente en la sociedad del momento. El resultado fue su inevitable extinción.
En tercer lugar se encuentran los ciber-patriotas, sin duda alguna una lacra para quienes decidimos implicarnos en política a pecho descubierto.
Los ciber-patriotas operan desde el anonimato que les proporciona Internet. Son seres diminutos y chillones que babean desde su ordenador durante horas de holganza dando consignas de unidad entre patriotas. Para ellos todo se reduce a lanzar vivas a España y a exigir con soberbia la unidad de todos los patriotas. Se atreven incluso a juzgar y exigir a nuestros jefes desde sus pequeños reinos de Taifas que les proporcionan sus miserables feudos interneteros desde la butaca de sus casas. Es el todo vale con tal de llegar a influenciar en la sociedad y no se dan cuenta de que jamás se ha dado el caso de que varios enanos hayan formado un gigante.
Toda esta mezquina gentecilla de mequetrefes se perderá arrastrada por las aguas. ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que la figura del falangista, sencilla y fuerte como su espíritu, se alzará sobre las centurias, grande, serena, luminosa de gloria y de martirio.
José Pascual.
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Denunciamos el alto índice de temporalidad juvenil.
Unión Nacional de Trabajadores (UNT) denuncia que la temporalidad sigue siendo el principal problema laboral de los jóvenes españoles, ya que sólo el 47% de los trabajadores entre 16 y 29 años posee un contrato indefinido. Aunque este porcentaje aumenta en los últimos años de juventud, todavía un 44% de asalariados entre los 25 y 29 años ocupa un empleo con contrato temporal, tal y como se deduce de los datos del Observatorio Joven de Empleo del Consejo de la Juventud de España, presentados el 21 de febrero.
El nivel educativo no establece una diferencia notable en la temporalidad, si bien esta es menos frecuente para los titulados en formación profesional de grado medio o superior y los titulados universitarios.
La aportación del empleo público a esta situación de temporalidad es significativa, ya que la tasa de temporalidad en este sector es del 56,2% para los hombres y del 72,1% para las mujeres. Casi tres de cuatro mujeres jóvenes trabajando para las instituciones públicas lo hacen de manera temporal. Para UNT aquí es donde el Gobierno de España demuestra un mayor grado de hipocresía: aprueba leyes de igualdad con medidas absurdas, como la paridad electoral, y luego discrimina descaradamente a las mujeres condenándolas a una mayor temporalidad. ¿Este es el "progresismo" del que tanto hace gala el señor Zapatero?
La vinculación más utilizada es el contrato por obra o servicio, que se sitúa en un 17,1% de los asalariados, siendo más frecuente entre los hombres. En segundo lugar, se encuentra el contrato temporal con un 10,1%. Por último, el 8,2% de los asalariados tienen contrato temporal, pero se desconoce su naturaleza exacta.
UNT denuncia también el proceso de "externalización de servicios" de la Administración pública, lo que incide en una mayor precariedad, menor empleo público y un notable aumento de los contratos por obra y servicio que afecta sobre todo a las personas que ocupan puestos de vigilancia, mantenimiento o limpieza.
En relación a la tasa de actividad, destaca la diferencia de casi diez puntos entre hombre y mujeres. La tasa de paro entre las mujeres jóvenes es del 15,3%, frente al 11% de los hombres, si bien esta diferencia se reduce a medida que aumenta la edad.
En el sector servicios, que con el 64,8% de trabajadores jóvenes, es el sector que posee más asalariados de esta franja de edad, la realidad se invierte y las mujeres son mayoría. La tasa de ocupación de ellas se sitúa en un 85,8% frente al 48,8% de los varones.
Esta relación se invierte en el caso de la construcción, donde el 26,8% son hombres frente al 2,25% de mujeres. Por otro lado, el porcentaje de españoles y ciudadanos de la Unión Europea ocupados en el sector servicios es casi diez puntos superior al de extranjeros con un 66,2% frente al 57,6%. En el sector de la construcción el 25% de los ocupados son extranjeros frente al 14,2% de españoles y ciudadanos de la UE.
En cuanto a las condiciones de trabajo, el 7,1% de los jóvenes trabaja fuera del horario habitual y el 8,87% no cobra las horas extraordinarias. En cuanto a la duración de la jornada, el 14,2% trabaja a tiempo parcial, sobre todo las mujeres con un 22,1%.
Para UNT es importante que los trabajadores tengamos en cuenta estos datos de cara a las próximas elecciones, de forma que desde el PSOE no se nos pueda engañar con su demagogia habitual. Sus políticas reales están demasiado cerca de las liberales del PP, y eso en UNT lo tenemos muy claro.
UNION NACIONAL DE TRABAJADORES
POR PATRIA, EL PAN Y LA JUSTICIA SOCIAL
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Etiquetas: No hay libertad sin justicia social.
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