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El Siglo XXI: La ingenua fe en el progreso.
Seria estúpido negar el enorme progreso de la técnica en la época capitalista impulsora de periodos de descubrimientos científicos importantes. Se obtuvo de ésta época enormes resultados en cuanto mejoramientos técnicos. La civilización industrial se desarrolló hasta cuotas dignas de tenerse en cuenta. Pero no vamos a valorar ésta, sino a examinar la actitud del hombre común europeo y americano, el occidental, ante este enorme espectáculo de producción y mejoramiento.
El hombre medio, escasamente formado en sus aspectos culturales y éticos, careció a lo largo del siglo XIX y carece hoy más que nunca, de una robusta personalidad espiritual y moral que le permita sentirse seguro en medio del “atolondrante” mundo contemporáneo. Este tipo de hombre ciudadano a medida que la civilización crece y se perfecciona, va sintiéndose achicado y empequeñecido hasta el punto que llega el momento que su actitud es de sumisión total hacia los objetos, el dinero y las posesiones materiales.
De la misma manera que en el terreno industrial el hombre es servidor de la máquina, en el terreno privado el aspirante burgués que llega a poseer un automóvil o un admirable objeto cualquiera, se coloca ante él con tal actitud, que en vez de tener el objeto a su servicio sirve y venera él al objeto.
Este hombre ya corriente en nuestros días, acaba teniendo un concepto íntimo sobre si mismo inferior al realmente debido. Su tendencia será alcanzar cómo meta suprema la “felicidad” (efímera) mediante la posesión de las cosas materiales, valorando de forma elevada y equivocada a los poseedores del confort, de objetos, de dinero. De manera que entiende el valor de las cosas materiales, como superiores a él mismo y a los semejantes.
Esta es la escala de valores de la existencia en las actuales democracias liberales, donde se considera al capital, al dinero, -mero instrumento material- superior al hombre, al trabajador y a la consecuencia o creación del mismo: el trabajo.
El hombre, el trabajador, como ser trascendente portador de valores, debe de entender la supremacía del valor humano por encima del capital y los medios de producción, de lo material (dinero, máquinas, objetos, inmuebles). A la inversión se le puede reconocer el derecho de una renta no especulativa y regulada por la justicia legislada por el estado y ejecutada por el gobierno, institución administrativa garante y equitativa de la nación, pero hay que negarle de forma legítima y taxativa el sentido de la gestión y propiedad del trabajo; “creatividad, esfuerzo y realización humana”. A la inversión le negamos tan bien, la propiedad de los medios de producción; “la empresa con su capital patrimonial, estático y dinámico de la misma”: ¡La empresa es de los trabajadores!
Llegado el momento la inversión debería ser realizada por los medios amparados dentro de nuestras instituciones, tal como por la Banca Nacionalizada y Sindicalizada, o por el propio capital generado por el ahorro del beneficio o plusvalía de los mismos trabajadores o por el depósito del beneficio o parte del mismo no repartido por acuerdo de empresa … llegando a anular totalmente la inversión capitalista.
Esta es la base humana y moral de la doctrina social del sindicalismo, no hay otra, todo lo demás capitalizado por centrales sindicales actuales, son chapuzas serviles del capitalismo y estabilizadoras del mismo. Esta es la legitimación revolucionaria del Nacional Sindicalismo, con la cual concluimos en este apartado proclamando:
La empresa forma todo el conjunto patrimonial integrado por los elementos que le dan digna existencia, por este orden de valía: 1º seres humanos, 2º trabajo, 3º capital. Esto es el compendio dinámico que constituye la empresa. Definición: es la propiedad sindical y el trabajador debe de ser el destinatario de los beneficios o la plusvalía que genera el ejercicio de la actividad productiva, destino final por el que asevera la Revolución Sindical Falangista que la gestión y propiedad de la empresa es el natural patrimonio sindical del trabajador. ¡La empresa es de quien la trabaja!
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