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EL "CONTROL" OBRERO EN LA INDUSTRIA
http://usuarios.lycos.es/onesimo_redondo/onesimo77.htm
Enviado por Jose_Centuria hace 10 meses, 1 semana, 5 días, 23 horas
EL proyecto de ley sobre la intervención obrero en las industrias, presentado por el señor Largo Caballero, ha desatado las lenguas y todos se han apresurado a tomar posición -en favor o en contras, llevados más por el sentimiento que no por el estudio del mismo. Aunque Castilla sea la región española menos afectada por tal proyecto, pues no alcanza a la agricultura, y en la industria tan sólo a empresas de más de 50 obreros, sin embargo su trascendencia para la economía española es tal que merece ser estudiado con todo detenimiento. Para el principio, todo nuestro aplauso; a mayor dignificación social del obrero, a mayor intervención del mismo en la vida de la empresa, responderá o debe responder lógicamente una mayor armonía entre capital y trabajo; los avances de la Democracia Social son no sólo mirados benévolamente, sino favorecidos y alentados por la Sociología católica. Es de todo punto necesario que ese aspecto de contrato de sociedad que tiene el contrato de trabajo sea acentuado cada vez más, y para ello nada tan oportuno como un aumento de la colaboración obrera en la dirección de la empresa. Puede alegarse el fracaso de tal institución en Alemania, cuyos consejos de fábrica han desaparecido desde 1922; pero, en cambio, tenemos el ejemplo de los patronos católicos del Norte de Francia y gran parte de la industria belga, en la cual triunfa el principio de colaboración, y, sin necesidad de accionariado obrero alguno, intervienen y colaboran con el empresario en la dirección de la fábrica. Lo único que puede deducirse del primer ejemplo es que tal reforma ha de ser implantada con espíritu religioso y no obedeciendo a sentimientos revanchistas, como ocurrió en Alemania. El propio ministro del Trabajo reconoce noblemente en la exposición de motivos de su proyecto la decidida actuación de los católicos en pro de la intervención obrera en las industrias, y bastaría para nosotros, aparte de los documentos pontificios, el nombre de Leon Harmel, el insigne católico francés, que a raíz de la Encíclica "Rerurm Novarum" logró implantar en sus fábricas la intervención obrera veinte años antes de que apareciese tal principio en la constitución alemana. Nuestra actitud de decidida adhesión al principio nos autoriza a expresar nuestra disconformidad en cuestiones de detalle; sea la primera la, inoportunidad. Máxima conocida es que las reformas deben verificarse en épocas de- prosperidad, y hoy, ante la crisis funcional de la economía española, ante las dificultades de la industria, que la Bolsa en su fina sensibilidad registra, no debiera cohibirse al medroso capital español con la promulgación de tal ley, y otra inoportunidad mayor aún es la especial idiosincrasia de gran parte del obrerismo español, encariñado con la violencia por la violencia, actuando, más o menos conscientemente, al margen de la ley, y que vería en tal medida tan sólo una posibilidad más de arruinar las empresas y producir un definitivo desastre. Por lo que toca al articulado de la ley, las principales observaciones que nos sugiere son: el intento de monopolizar el trabajo, atentado a la libertad del mismo, ya que los vocales obreros han de ser forzosamente miembros de asociaciones proletarias, lo cual ahoga al productor libre, y la falta de fijeza de la Ley en las facultades de fiscalización, defectos que pueden implicar graves perjuicios a las empresas, al divulgarse secretos industriales que podrían ser vendidos a productores rivales. La forma de implantación de la Ley debería ser corregida; ¿por qué no empezar por aquellas grandes empresas que constituyen casi servicios públicos, como los ferrocarriles, y seguir adelante cuando ya hubiese triunfado el principio en éstos? Consideramos, finalmente, como un acierto el someter a información pública un proyecto de tal envergadura, a fin de quitarle ese matiz de misterio y sorpresa, tan dañosos a toda reforma trascendental, y esperamos que de esa información surjan las correcciones que hagan viable el proyecto, que posibiliten su transformación en ley, y que sea ésta un nuevo triunfo en el camino de concordia y armonía entre capital y trabajo (Anónimo. Libertad, núm. 20, 26 de octubre de 1931.) ONESIMO REDONDO. Sigue leyendo...

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