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La historia de Juan Falangista
http://levante.lafalange.es/Noticias/2008/20080730/20080730....
Enviado por Jose_Centuria hace 15 meses, 2 semanas, 4 días, 3 horas
Érase una vez un trabajador llamado Juan Falangista que decidió abandonar la empresa textil en la que desarrollaba su actividad laboral para emprender un negocio de confección por cuenta propia. Para ello, debía adquirir una serie de elementos de inmovilizado (maquinaría, mobiliario, vehículos de reparto, equipos para proceso de información,…) y financiar el capital circulante necesario (materias primas, inventario de productos terminados, crédito a clientes,…). Juan Falangista contaba con unos ahorros en la Caja Laboral dependiente del Sindicato Textil en donde estaba encuadrado. Cada Sindicato contaba con una Caja Laboral cuyo papel dentro del sistema financiero nacionalsindicalista era la gestión de los préstamos al consumo y los hipotecarios. Los trabajadores del Sindicato depositaban allí sus ahorros percibiendo un interés equivalente a la tasa de inflación y los prestatarios abonaban por sus préstamos un interés ligeramente superior. El diferencial servía para cubrir los costes de gestión de la Caja Laboral. De esta manera, la Caja Laboral no se lucraba con su actividad de intermediación ya que hubiera sido ilegítimo obtener una ganancia con ello al ser el dinero un bien público propiedad del Estado cuyo destino era simplemente facilitar las transacciones económicas; una cuestión diferente era la posesión y el uso del mismo: los particulares podían perfectamente ahorrar para atender necesidades futuras, imprevistos, adquisición de vivienda, etc.. Sin embargo, la cantidad ahorrada sólo cubría el 50% de su presupuesto de inversiones. Debía pues buscar financiación para el resto. Así, que preparó un Proyecto de Empresa y se personó en la sucursal del Banco Nacional de su localidad. Toda la banca había sido nacionalizada hace unos cuantos años. Su función era la de financiar la inversión productiva ya que, como se ha dicho antes, la financiación de la vivienda y los préstamos al consumo eran gestionados, sin ánimo de lucro, por las Cajas Laborales de los Sindicatos. Los fondos para inversiones se obtenían mediante un impuesto denominado coloquialmente “la TASCA” o Tasa por el Uso de Activos de Capital que era fijado anualmente por el Sindicato Nacional, órgano autónomo de carácter económico que se superponía a los distintos sindicatos por ramas de producción, responsable de la política económica del Estado. Así, sobre el montante de la inversión productiva recaía este impuesto cuya función era nutrir de fondos a la Banca Nacional para que ésta pudiera financiar los nuevos proyectos de inversión de las empresas. Por tanto, las unidades de producción pagaban un impuesto calculado como un porcentaje sobre el valor de sus bienes de capital (maquinaria, edificios, instalaciones técnicas,… ) que venía a actuar como sustituto del interés en una economía capitalista al favorecer el uso eficiente de los bienes de capital ya que las empresas, para reducir su carga fiscal, debían economizar en su uso, y conformar los fondos para nuevas inversiones. La Banca Nacional distribuía posteriormente esos fondos entre los distintos proyectos de inversión en forma de subvenciones. Vemos pues que se había eliminado todo tipo de interés por el dinero. Juan Falangista obtuvo así el resto del dinero que precisaba. Juan Falangista ejerció su actividad empresarial como autónomo un par de años. La empresa era de su propiedad. Hay que tener en cuenta que el Estado nacionalsindicalista reconocía la propiedad privada; es decir el título jurídico que permite a un individuo disponer de su patrimonio personal para disfrutarlo, enajenarlo, cederlo en usufructo,… entendiéndose por tal patrimonio su vivienda y enseres personales, el negocio familiar, su vehículo, la casa del pueblo, etc.. Lo que se había abolido era la llamada propiedad capitalista que era la que se ejercía indirectamente sobre los medios de producción a través de la participación en el capital social de las empresas mediante acciones o títulos similares. Este tipo de propiedad conducía a la aberración de que una élite financiera se lucrase participando vía dividendos en la plusvalía que generaban los trabajadores con su esfuerzo. El trabajo era considerado antes de la revolución nacionalsindicalista como un factor de producción más que se compraba y vendía en el mercado laboral con los consiguientes excesos por parte de la oligarquía capitalista que abusaba de su mal ganada posición de privilegio. Sin embargo, el nivel de actividad crecía y Juan Falangista se vio obligado a incorporar fuerza de trabajo adicional. Así que se dirigió al Sindicato Textil para depositar su oferta de empleo en la Bolsa de Trabajo que el propio sindicato gestionaba. Esta decisión supuso una transformación total en la forma jurídica de su empresa que pasaba a adoptar una estructura cooperativista ya que la autogestión de los trabajadores era un pilar fundamental en la economía y en Sigue leyendo...
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El Nacional-Sindicalismo como vía hacia la reconstrucción de una sociedad orgánica.
http://castellon.lafalange.es/LEVANTE/COMENTARIOS/ALFREDO_ZA...
Enviado por Jose_Centuria hace 17 meses, 1 semana, 5 días, 3 horas
Una sociedad puede articularse según dos modelos opuestos. El modelo de las sociedades tradicionales es el modelo orgánico, en el cual la sociedad se articula en torno a una serie de comunidades naturales jerarquizadas. La más elemental de estas comunidades naturales es la familia, compuesta por un hombre, una mujer y su progenie, más allá está el clan, el pueblo o municipio etc. En las sociedades orgánicas, el Estado es una emanación de dicha estructura orgánica de la sociedad, una encarnación de lo que los griegos llamaban "etnos" o los romanos "natio". La propia palabra "nación" está relacionada con el vocablo "nacer", lo cual hace una referencia explícita al origen orgánico y biológico de dicha entidad. Según la concepción orgánica es la nación la que crea el Estado y por lo tanto dicho estado debe estar al servicio del pueblo que lo ha creado. En contraposición a la sociedad orgánica están las sociedades mecánicas modernas en las que vivimos actualmente. En estas sociedades el concepto de "nación" ha sido completamente invertido para tomar el significado del "estado nación" de la revolución francesa. En este modelo liberal y jacobino, la nación es una creación del Estado y es el pueblo el que está al servicio del Estado. Los antiguos griegos ya eran conscientes de la diferencia esencial entre estos dos modelos de sociedad. Para los griegos, lo que constituía el enlace que mantenía la cohesión social era la "filia", la relación de proximidad que existía entre los ciudadanos. En las polis griegas la ciudadanía de la polis implicaba una relación carnal con el resto de los ciudadanos de la polis, por lo tanto el derecho de suelo era impensable. En contraposición al modelo griego de Estado, los griegos distinguían lo que ellos llamaban "despotismos orientales", en los que una masa multiétnica de súbditos estaba aglutinada en una misma entidad política en virtud de su sumisión a un déspota, es decir, al Estado. En este caso el Estado no emanaba de la comunidad sino que la comunidad era creada artificialmente por el Estado. Las guerras médicas fueron una defensa del modelo orgánico griego contra el modelo despótico oriental representado por el Imperio Persa. Los estados liberales actuales son nuevas versiones del despotismo oriental. En ellos las comunidades naturales intermediarias están siendo destruidas. Las relaciones sociales orgánicas son sustituidas por relaciones directas entre el individuo y el Estado. La promoción liberal del individualismo no es más que una coartada para que los individuos se encuentren solos frente al Estado y sólo tengan que responder ante el Estado. La familia en una sociedad liberal deja de ser una necesidad para convertirse en un estorbo. En una sociedad individualista liberal, el individuo paga impuestos al Estado durante su vida laboral y recibe una pensión (mísera) del Estado al jubilarse. En las sociedades orgánicas tradicionales ese dinero que ahora va para el Estado se invertía en el cuidado de los hijos, los cuales, de manera natural devolverían esos cuidados a los padres durante su vejez. En el estado moderno liberal los individuos son sólo productores y consumidores, por lo tanto entidades indiferenciadas e intercambiables unas por otras. Estos productores trabajan para mantener al Estado, no para mantener su propia existencia, como en las sociedades orgánicas. En una sociedad orgánica la desaparición física del pueblo que la sostiene es el mal absoluto y la desaparición del pueblo acarrea necesariamente la desaparición del Estado, ya que éste emana de aquél. Sin embargo en una sociedad mecánica liberal, la desaparición del pueblo no supone ningún problema, ya que para el Estado liberal no hay pueblo sino sólo individuos que pueden ser sustituidos por otros individuos mediante la inmigración. Esta es la base ideológica que subyace tras los argumentos enconomicistas en pro de la inmigración. Los inmigrantes son necesarios para mantener la economía funcionando porque los españoles no tienen hijos. Por lo tanto el mal absoluto no es que los españoles desaparezcan sino que la economía deje de funcionar. Una total inversión de los valores tradicionales. El Estado nacional-sindicalista que defiende la Falange es un estado orgánico en el que la familia, el municipio, el gremio etc. vuelvan a tener el valor central que tenían en las sociedades orgánicas. En nuestro Estado, el trabajo no es un medio para mantener funcionando la economía, sino una forma de garantizar el sustento de la comunidad. En el estado nacional-sindicalista lo que interesa es el bien del pueblo, no el bien del Estado. Sigue leyendo...

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